En este mundo en que vivimos, todo debe tener su explicación… o eso, o somos todos (y todas) un chorro de paranormales. Por ejemplo, bástese con mi nombre. Hay quienes piensan que fui hijo de un padre soltero –tan de moda en la actualidad– porque se hacen del pensamiento por el cual juran y perjuran que no he tenido madre. Están también los que concluyen, en cambio, que llevo el apellido de mi progenitora –presumida, en su juventud, de vida alegre– al decir que soy un bastardo. Pero la verdad es que llevo, sin orgullo y a poca honra, el apellido de mi ex mujer, a la que todavía profanan las más veces que cuandos; la pobre…